Un grito inesperado

Esta mañana, después de escribir, decidí ir a un museo. He salido únicamente con una playera y un suéter ligero; la temperatura era 5ºC. Los locales, por supuesto, ¡vestían abrigos! El museo más cercano e interesante era el Gallerietmuseet. Esperaba contar con suerte, tal como el año pasado, en el Museo Nordiska, en Estocolmo, cuando le dije a la chica del museo que yo era un periodista y me dejó ingresar de manera gratuita. No sólo me dejó ingresar gratis, también me dió un panfleto con información en inglés. Este libro tenía un valor de 250 coronas suecas (alrededor de 25 euros). En esta ocasión, sería suficiente con tan solo ingresar de manera gratuita, ya que mi maleta ya está muy pesada. En la entrada del museo, le pregunto al trabajador si los reporteros ingresan gratis, el amablemente me pregunta si llevo mi identificación de periodista. Le muestro mi tarjeta de negocios la cual observó con mucha atención, y me entrega una etiqueta engomada de color azul: ¡Ya estaba adentro del museo! Decidí dejar mi equipaje en el guardarropa, donde se encontraban casilleros pagos enumerados. Me tomó media hora darme cuenta -¡Idiota!- que el casillero aceptaba euros (monedas de uno o diez euros) y no coronas noruegas. Mi cerebro estaba completamente en blanco frente al signo de euros. Intenté varias veces ingresar una corona. Hasta me he enojado, quejándome que el casillero no funcionaba. Finalmente, ingreso un euro, y es entonces cuando el casillero se cierra. En mi defensa, debo indicar que no era la única persona teniendo problemas con los casilleros. Dos chicacs italianas estaban teniendo el mismo problema. Cuando les he revelado el secreto, en italiano, las chicas me observaron como si fuera yo, la mismísima Virgen Dolorosa en persona. Mientras me encuentro a punto de ingresar al museo, muestro la etiqueta de color azul al guardia de la puerta. El la toma de mi mano y me la pega fuertemente en mi chaqueta presionándola de todas partes para asegurarse que ha pegado bien, así como hacen las madres cuando limpian la boca de sus hijos después de que ellos han comido chocolate. ¡Me siento doblemente idiota! El museo no es muy grande, únicamente un piso. Aún así, el libro de información mencionan algunas pinturas de mi interés. Observo el mapa para planear mi visita. Me han sorprendido las exhibiciones dentro del museo, las primeras salas están dedicadas a artistas escandinavos. Encuentro al romántico pintor, Christian Dahl, quién plasma en sus pinturas, noruegos paisajes montañescos. Luego, me sorprendo por el pintor Lucas Cranach. Solo se encuentran pinturas religiosas dentro de esta sala; la última de las pinturas, antes de proceder al pasillo es “La Era Dorada”, la cual presenta parejas teniendo relaciones en un hipotético Jardín del Edén. Lo que mas me sorprende es la vanguardista orgía de esta pintura, en una sala llena de pinturas religiosas y conservadoras. Otra cosa que me sorprende es que en la habitación continua, donde se encuentran las pinturas intalianas, ¡se muestran las obras de Orazio Odaleschi y su hija Artemisa! Las pinturas perteneces al período neoclásico y me asombra que a una mujer se le permitiera pintar en esa época. Honestamente, en todos los museos que he visitado, no he encontrado obras realizadas por artistas mujeres, ¡al menos no realizadas antes del siglo XX! ¡Es interesante que la artista mujer sea italiana! La pintura que más llama mi atención es sin duda, “Danae” de Titian. Voy a decepcionar a De la Croix al pensar que sus 4 retratos microscópicos de 10×15 se ven tan insignificantes comparados con el tamaño de la pintura titulada “Francia que lidera a las personas” en el Louvre. Continuando con los artistas locales, permanezco fascinado por los pintores que continuaron con el movimiento artístico de Dahl, como Balke y Thomas Feamley, pero lo que me hace jadear es descubrir que en este museo se encuentra la famosa “Skrik”, “El Grito”, de Edvard Munch. Estaba convencido que, antes que nada, el artista era holandés y no noruego, y por lo tanto, pensaba que la pintura se encontraba en Amsterdam. ¡Pero entonces, esta no podría haber sido robada! Años atrás una copia de “El Grito” creó un gran escándalo ¡y ahora la tengo frente a mí!. Le pregunto al guardia si la pintura es la original y también le pregunto acerca del robo. Me ha dicho que si, que fue robada, pero que afortunadamente fue recuperada. Sin embargo, hay cuatro copias de esta pintura: una la encuentro frente a mí, la segunda fue vendida a un billonario anónimo, y las otras dos se encuentran en el Museo Munch en Oslo. ¡Me pregunto entonces por qué tanto alboroto por el robo cuando en total hay cuatro copias! De hecho, si se roban una copia, aún quedan 3, ¿no? ¡El museo Munch puede dar su copia extra a la Galería Nacional!. ¡Sorprendente! Además de “El Grito”, me sorprende también la sensualidad de la pintura de la Madonna, que parece más bien la cantante que la Virgen María, y que la mujer en la pintura de Dagen Dupa, parece que se encuentra en coma, o quizá después de una resaca. Esa es mi teoría deseducada. Me gustó ver “La Muerte de la Virgen” de Caravaggio, my pintura favorita. Otras obras francesas, como las esculturas danzantes de Degas, la estatua de “El Pensador” de Rodin, y algunas obras de Cezanne, Monet y Manet también logran impresionarme. Después, veo el autoretrato de Van Gogh, con el inconfundible estilo de Modigliani. Hay también dos obras de Picasso. Finalmente, la última sala está dedicada a artistas escandinavos como Danish Thorvaldsen – quien me recuerda mi viaje a Copenhagen – además de Telemarkt, cuya pintura de dos granjeros colocando una cerca mientras se cuentan rumores y observan el horizonte. Finalmente observo la pintura de Andersen “El Mes de Junio”, que muestra a una chica sosteniendo y contemplando una flor diente de león. Me gusta la libertad despreocupada reflejada en la flor, parece estar lista para ser soplada al viento, para fecundar sus semillas. Me gusta pensar que soy una de esas semillas y que viajo libremente en el viento.